Al alcalde electo

Al alcalde electo

Respetado doctor Guerra Varela: felicitaciones por su triunfo. A partir del viernes ya no será usted el candidato, sino el alcalde de todos los cartageneros, y el objeto de interés de todos los que, no viviendo en la ciudad, están inquietos por su desarrollo.

Llega usted en el momento más crítico de la historia reciente, porque nunca antes la debilidad institucional de Cartagena había sido tan profunda. Leí una columna de El Heraldo, en donde cuestionan a los que no votaron (que fueron la gran mayoría en una abstención sin precedentes), porque con su falta de participación contribuyeron a que quedara el candidato de las maquinarias. No comparto esa visión simplista.

Creo que la mayoría de potenciales electores no votaron porque, o no se sintieron representados por ningún candidato, o porque no compraron sus conciencias. De los segundos, ni hablemos. En cuanto a los primeros, esto es, a los que no creen en los políticos, pertenece hoy la gran mayoría de colombianos, especialmente los jóvenes, decepcionados del sistema, y anhelan promesas y compromisos de cambios profundos en un régimen que agotaron nuestros líderes de medio pelo, cortoplacistas y mediocres, incluidos sus partidos políticos, que permitieron que los avaros, los violentos y los delincuentes se apropiaran del Estado y del erario. El buen ejemplo cedió el paso a los intereses, lo que explica por qué no hay casi nadie en quién creer.

Por lo tanto, usted puede optar, en lo local, por ser un sepulturero que termine de enterrar las esperanzas en que el régimen puede ser recuperado dentro de los rieles democráticos y las alternativas que confiere nuestra Constitución Política; o puede romper esquemas que recuperen la credibilidad en nuestras instituciones y en la retoma del poder político por la buena fe y el espíritu de servicio.

Si opta por lo segundo, no sólo pasará a la historia con admiración, sino que será actor indispensable en la recuperación de la dignidad política en la región. Sé de un creciente número de iniciativas sociales, comunitarias, religiosas y académicas, cada una por su lado, aún desconectadas entre sí, que emprendieron actos para generar movimientos ciudadanos, desde sus respectivas visiones, que rescaten el civismo, el amor a Cartagena y el compromiso de arrebatarle la ciudad a quienes no ven en ella un vividero amable para todos, sino la fuente que satisface sus avideces mezquinas.

Sólo si le apetece, usted bien puede facilitar las bases para el éxito de ese proceso. Si esa es su apuesta, no dude que tendrá el respaldo de quienes pueden fortalecer el buen suceso de su gestión.