Gaudete et exsultate

Gaudete et exsultate

Así se llama la reciente exhortación apostólica del papa Francisco, publicada el 19 de marzo. Sorprende que esté pasando como en silencio en medios y redes, siendo como es el papa, un personaje tan mediático, del cual recibimos prácticamente todo lo que dice y también lo que no ha dicho. ¿Por qué razón ni los medios ni los vaticanistas ni los fanáticos de la personalidad de Francisco, entre quienes se cuentan tantos no católicos, han comentado este documento de escasas 45 páginas? Tal vez se deba a su poderoso contenido, que nos conmina a todos a vivir con coherencia en un mundo donde existe un enorme esfuerzo por desmoralizarnos, especialmente a los jóvenes.

La exhortación se refiere al llamado a la santidad en este mundo, partiendo de la base que todos, sin distinción de profesión, de edad o condición social, estamos convocados por Dios a ser santos en el lugar que cada uno ocupa en la sociedad. A partir del mandato del Señor, “Sed santos porque yo soy santo” (Lv,11,45), el papa evoca al Concilio Vaticano II, en cuanto a que en medio del mundo en plena ocupación profesional, realizando nuestras tareas con perfección humana y, a la vez, con sentido sobrenatural, “… podemos vivir en la presencia de Dios, correspondiendo a las gracias recibidas mediante una lucha ascética clara y vibrante por adquirir las virtudes, si estamos vigilantes para rechazar todo aburguesamiento, que mata los deseos de santidad y deja el alma sumida en la mediocridad espiritual…”.

Señala Francisco que “… Una tarea movida por la ansiedad, el orgullo, la necesidad de aparecer y de dominar, ciertamente no será santificadora… (…) No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó y serás fiel a tu propio ser…”. Al leer estas líneas me vienen a la cabeza otras que leí hace ya años en Camino, de San Josemaría Escrivá: “Tienes obligación de santificarte. -Tú también.. -¿Quién piensa que ésta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos? A todos, sin excepción, dijo el Señor: “Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto”.

Es posible entonces que en medio del mundo, en nuestras ocupaciones diarias, podamos ser fermento de alegría para nuestros familiares, para nuestros amigos, para nuestros compañeros de trabajo, para nuestros clientes; porque podemos aportar, cada uno en su pequeño mundo, el trabajo o las acciones rutinarias con la mayor perfección que nos sea posible, portadores de paz y concordia. De eso trata la exhortación, que animo a leer con el interés y la atención que extrañamente no le han dado los que aúpan todo lo que viene de Francisco.